El espectáculo político

Komunikazioa

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En el post anterior, Alternativos y alternativas, había prometido escribir sobre el espectaculo politico, así que vamos con ello.

Generalmente se utiliza el concepto de “espectáculo político” o “política espectáculo” de un modo peyorativo, sobre todo por parte de la izquierda, para calificar el modo de hacer política de la derecha y sus medios de comunicación afines. Esta protesta pone el acento en la idea de que la escena política no es un combate justo, racional y genuino entre argumentos, tal y como corresponde a una sociedad moderna. Así, la izquierda se queja de la excesiva simplificación de la política, del maniqueísmo, de la manipulación, del populismo, de la demagogia, etc. Si no me equivoco, el origen del concepto es un trabajo de Guy Debord, cuyo nombre es La Sociedad del Espectáculo, uno de esos libros a los que hay que volver de vez en cuando.

Es decir, se maneja la idea de que la sociedad moderna se basa en la razón, no en la manipulación, en la superstición, la religión, la magia, los símbolos o los ritos, como en las sociedades pre-modernas.

En primer lugar, para que ese supuesto fuese cierto, las personas tendríamos que disponer de la misma información y las mismas capacidades de análisis y elección racional de unos argumentos frente a otros, pero todos sabemos que esto no es así, unas veces por razones de desigualdad social y otras por puro desinterés personal. En esta visión idealista, la la política debería ser un libre-mercado de ideas en el que cada individuo haría una selección de lo que más le conviene tras sopesar racionalmente cada idea disponible en dicho mercado. De este modo los obreros, por ejemplo, no votarían a los partidos políticos que representan a su enemigo de clase objetivo y la izquierda sería mayoritaria en las elecciones. Fácil ¿no?

Sin embargo, hay motivos para pensar que las sociedades modernas necesitan incluso de un mayor arsenal simbólico que las llamadas sociedades pre-modernas o pre-racionales. Esos motivos tienen que ver con la complejidad de las sociedades modernas, donde la estratificación social, el conocimiento científico,  los cambios en el modelo de familia, las luchas de género, las instituciones, etc. hacen comparativamente más difícil la comprensión del conjunto social que nos rodea y el papel que jugamos en él. Esta dificultad cognitiva nos llevaría a la necesidad de simplificar y condensar el conjunto social a través de símbolos y rituales modernos que pasarían inadvertidos pero que estarían en conexión directa con nuestro inconsciente colectivo. Es decir, necesitaríamos atajos cognitivos para comprender la realidad social de modo intuitivo y así poder movernos en ella sin el stress que supondría analizar detalladamente cada aspecto relativo a la sociedad en la que vivimos. Esta es la tesis que defiende David I. Kertzer en su libro The Power Of Rites.

Podríamos hablar de las tardes de fútbol o de las fiestas patronales, pero para no salirnos de nuestra área de interés, podríamos echar un vistazo a cualquier campaña electoral para defender esta tesis y ver hasta qué punto es útil o no para quienes están en la arena política. Así, en cualquier campaña electoral se pueden ver grandes banderas que son contratos sociales, atriles que son púlpitos, confeti que es gloria de reyes, lugares sagrados como el árbol de Gernika que dan fe de nuestro compromiso con el grupo, etc. Y todo eso se hace con la sana intención de obtener publicidad gratuita en los medios de comunicación de masas y de conectar así con el gran público tocando aspectos conscientes y emocionales que muevan a las personas a votar a un partido determinado. Todos los partidos políticos emplean estas técnicas, sean de izquierdas o derechas, coas lógica y normal.

En un día de campaña, por ejemplo, podemos ver a un político de derechas besando a un niño sirio por la mañana y visitando a las fuerzas armadas por la tarde, lo cual sería una muestra incontestable de manipulación y espectáculo político inadmisible en una sociedad moderna racional, de acuerdo con la visión con la izquierda. Pero desde el punto de visto simbólico esto es perfectamente lógico y coherente, ya que el político en cuestión estaría tocando aspectos esenciales de nuestro inconsciente colectivo como son el liderazgo y la protección del grupo de pertenencia, la nación.

La izquierda no es ajena a estas prácticas y por eso causa sorpresa que se deje caer por lugares comunes de este tipo, criticando infantilmente el espectáculo político y pretendiendo ser la versión pura de la humanidad. ¿Qué tiene que ver una manifestación masiva con un debate racional de ideas? ¿Por qué aparecen en las manifestaciones bertsolaris, zanpanzar, ikurrinas gigantes, fotografías de presos, etc? ¿Qué pinta un aurresku en un mitin político? ¿Qué pinta un cantante famoso en un vídeo electoral? ¿Qué hace un político como Xabier Mikel Errekondo sujetando unos libros pesados en la tribuna de oradores del parlamento español? ¿Qué hace una política como Onintza Enbeita vomitándoles a sus señorías en la cara que “en su coño y en su moño manda ella”? ¿Acaso no es eso una forma de convertir la palabra en acontecimiento y el acontecimiento en espectáculo político? ¿Qué sería de todos esos acontecimientos si los medios de comunicación de masas no se hiciesen eco de ellas? Insisto ¿qué tiene que ver todo eso con un debate racional de ideas?

Por tanto, la izquierda no es ajena al espectáculo político y más nos valdría a todos que en lugar de hacer pucheritos con estos temas aprendiese a trabajar con ellos de la manera más productiva posible. Y cuando digo espectáculo político no me refiero a un show cutre para darle gusto al cuerpo, salir en YouTube y satisfacer a los fanboys del partido, sino de una estrategia de comunicación calculada para conectar con la audiencia en los términos definidos por la estrategia política.

¿Y qué hay de los aspectos éticos, me preguntas?

En mi opinión no hay una sola faceta de la acción política que no tenga implicaciones éticas, de modo que en esta cuestión hay que actuar dentro de los estándares éticos definidos por el grupo, igual que en cualquier otra.

One thought on “El espectáculo político

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