Los osos panda: el triunfo de las relaciones públicas chinas

Komunikazioa

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Seguramente muchos recordaréis aquellas campañas de la iglesia católica en sus parroquias para ayudar a los “chinitos hambrientos”. Era un signo evidente de que el comunismo trae hambre al mundo. ¡Qué triste por dios!

Más tarde empezaron las campañas en los medios de comunicación sobre los orfanatos chinos y sus inhumanas condiciones de vida. Era un signo evidente de que el comunismo era el puro diablo. ¡Los niños, por dios!

Y peor todavía si son niñas, ya que los chinos las ahogan en los ríos del país nada más nacer porque son una carga para los padres. ¡Los chinos odian a los niños y a las mujeres!

Y más recientemente hemos conocido las noticias sobre la inhumanidad de las empresas chinas y las condiciones de trabajo en ellas, las cuales llevan a sus trabajadores al suicidio después de extenuantes jornadas de trabajo haciendo iPhones.

¿Cual ha sido la reacción de los chinos a todas estas campañas de difamación a lo largo del tiempo?

La semana pasada se conoció la noticia de que el oso panda ya no es una especie en peligro de extinción, y todos nos alegramos por ello, ya que sería una pena que estos adorables animales, tan queridos además por los niños, se extinguiesen.

Pues bien, en mi opinión, el oso panda es una de las estrategias de comunicación más inteligentes y exitosas de las últimas décadas en el mundo, un caso que debería ser estudiado con mucha atención por aquellos que se ven sometidos a fuertes ataques contra su imagen pública, especialmente cuando estos ataques son sistemáticos, es decir, cuando forman parte de una estrategia deliberada de reposicionamiento, y cuando estos ataques ocurren en la esfera sociopolítica (feministas, ecologistas, independentistas, etc).

En primer lugar, hay que subrayar que los chinos no centraron sus esfuerzos en negar las acusaciones, es decir, no alimentaron las acusaciones, simplemente las dejaron correr para que hiciesen su camino ellas solas con su propia energía.

Segundo, no puedes protestar y patalear cuando alguien te suelta una verdad en la cara,  menos cuando se trata de niños, en un país en el que los niños son un tesoro, culturalmente hablando. Y el spin tampoco es una opción, no insistas. Ponte las pilas y remedia la situación.

Tercero, no puedes ganar una discusión sobre los niños, forman parte de los intocables de la cultura. Tampoco puedes ganar una discusión sobre los derechos de las mujeres o los trabajadores. En la cultura occidental, son intocables, y punto. Punto final.

¿Qué puedes hacer entonces? Hay diferentes opciones, claro, y una de ellas es la que nos enseñan los chinos: contraatacar en el mismo terreno, el de la protección de la vida, pero en otro ámbito. Aquí aparecen los osos panda y el centro de reproducción de Chengdu, en el que estuve hace poco tiempo y que inspiraron esta reflexión.

Los pandas son una estrategia de relaciones públicas del gobierno chino para combatir las principales líneas de ataque contra su imagen pública internacional. Estas líneas tienen en común la idea de que China y el comunismo son una amenaza para la vida. Son una versión más elaborada y delicada que las líneas empleadas contra el “terrorismo”, dadas las circunstancias, aunque su génesis es la misma (cuando digo circunstancias me refiero a las relaciones diplomáticas, comerciales y sobre todo militares, ya que China se escapa del alcance militar occidental).

Así, los pandas son, por una parte, un canto al esfuerzo por preservar la vida y, por otra, salvar la vida en el planeta, en un momento en el que la opinión pública occidental se estremece al ver a los activistas de Greenpeace jugarse la vida en los océanos de medio mundo por salvar las ballenas, evitar los vertidos nucleares, etc. La inteligencia cultural y situacional de la campaña china es simplemente admirable, porque además, incluye el componente infantil de un modo inesperado y con un éxito desmedido. ¿Cuántos osos panda hay en los dormitorios de los niños occidentales? Cada uno de esos pandas en los dormitorios de los niños occidentales es una pieza de merchandising de las relaciones públicas chinas, lo cual proporciona recorrido a la campaña china y consigue llegar hasta el ámbito íntimo de las familias occidentales.

Además, los chinos han hecho ubicuo su mensaje regalando pandas a todos los zoos del mundo y obteniendo así réditos incalculables por publicity en todos los medios imaginables (locales, internacionales, sensacionalistas, revistas del corazón, medios deportivos, institucionales, etc.) haciendo de China una nación simpática.

Y finalmente está el Centro de Reproducción de Chengdu, que recibe cientos de miles de visitas al año de personas de todo el mundo, incluida la propia China, pues el impacto de esta campaña tiene también un componente interno.

Conclusiones

  1. Las relaciones públicas son un arma política extraordinaria cuando se aplican con sentido estratégico, es decir, cuando atienden acertadamente al contexto cultural y coyuntural de los públicos a los que van dirigidas.
  2. Hay que tener pìel y ser deportivos cuando te cantan las cuarenta y tienen razón. Corrige los problemas y busca otra vía. Hazte cargo de tus responsabilidades y asume las consecuencias de tus actos sin echar la culpa  a otros.
  3. No combatas los intocables de la cultura. No insistas, no le digas “el terrorista eres tú” ni te desgañites en denunciar el terrorismo de Estado; no digas que “el desempleo es violencia”. Las palabras no son solo palabras, son marcos mentales que conforman relatos en los que ya están asignados los papeles del bueno y el malo. Cada vez que invocas esos marcos, aunque sea para negarlos, te estrangulas un poco más, no importa cuántas personas pongas de tu lado, no serán suficientes para salir de la trampa. Es una batalla perdida. No insistas.Y lo que es pero: mientras reproduces estos marcos pierdes la oportunidad de atacar sus posiciones a través de otros marcos.
  4. Busca un terreno adecuado para construir  tu imagen pública de acuerdo con tu visión estratégica y aliméntala regularmente reproduciendo sus constantes narrativas de acuerdo con cada cambio de época, cada contracción cultural. De lo contrario te convertirás en un cacharro viejo e inútil, un estorbo, y le habrás fallado a la comunidad a la que sirves. Y eso no es lo peor; lo peor es que serás un instrumento perfecto para la derrota porque tu comunidad no querrá abandonarte y se hundirá contigo. Piénsalo.

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